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10月25日 Los últimos 100 años del Imperio Romano - I
EL CONTEXTO DEL MITO ARTÚRICO Presentación
El Imperio Romano que todos conocemos es el Alto Imperio de César y Augusto a principios de la era cristiana: pequeños propietarios campesinos habitando en prósperas ciudades con un activo comercio financiero y de bienes de consumo. Prósperas provincias gobernadas por pretores de rango senatorial, leyes escritas con sistema judicial organizado, fronteras protegidas por poderosas legiones de 4.800 legionarios y tropas auxiliares mandadas por legados imperiales, con un gobierno imperial centralizado encabezado por un Senado y sobre todo el Emperador con su Guardia Pretoriana, que aseguran la Pax Romana en todo el territorio bajo la advocación de los dioses paganos tradicionales. Cuatro siglos después el mundo romano ha cambiado mucho. También veremos qué se esconde detrás de películas como “El rey Arturo” (2004) o “La última legión” (2007) por mencionar las dos más recientes. Este viaje en el tiempo que abarcará algo más de un siglo es muy amplio, así que para guiarse con más facilidad lo he dividido en varios apartados: 1.- Los invadidos 1.- Los invadidos El Bajo Imperio, tras la gran crisis del siglo IIIdC, es muy diferente: el campo está dominado por grandes latifundistas autosuficientes que gobiernan una empobrecida población de “coloni” arrendatarios y “servi” o siervos habitando en aldeas rurales de un centenar de habitantes alrededor de la gran casa del “dominus” o señor y su familia que viven protegidos por su ejército privado de “bucelarios” soldados profesionales de origen romano o bárbaro. Todos ellos amenazados por el bandidaje de los rebeldes “bagaudas” que recorren las tierras de nadie y por las revueltas campesinas. Sin apenas comercio las ciudades están despobladas y en ruinas, sirviendo aún de base a una administración provincial y judicial cada vez más débil, siendo a veces incluso sustituida por la jerarquía eclesiástica cristiana si falta una “curia” de poderosos locales que se haga cargo de la administración municipal.
La mayoría viste ropa de lana sin teñir que da un color de marfil a marrón en forma de túnica corta por la rodilla de manga larga, en invierno los hombres llevan pantalones y calzan botas llevando el pelo corto y muchos van afeitados, mientras las mujeres llevan túnica larga por media pierna de manga larga y una toca cubriendo el pelo, abrigándose todos con capas. Si son más acomodados llevan la ropa teñida de colores, y sólo los más ricos la usan de lino de Egipto o de seda importada de Oriente. También se han sustituido los rollos de papiro y pergamino por el libro tal y como lo conocemos hoy.
2.- El Bajo Imperio Romano
Pero en este mundo polarizado entre “honestiores” y “humiliores” del siglo IVdC el gobierno imperial occidental está perdiendo su combate contra el poder de los grandes señores latifundistas: impiden operar en sus propiedades a la administración y la justicia, la recaudación de impuestos y el reclutamiento de hombres, y así el Emperador es cada vez menos capaz de controlar el territorio romano que se resquebraja bajo la presión de los intereses locales de los grandes latifundistas y las amenazas bárbaras. Incluso zonas apartadas quedan fuera de control y su población recupera organizaciones de tipo tribal o se forman principados independientes, como en Armórica, Cornualles y Gales donde se reocupan muchos “oppidum” o aldeas fortificadas prerromanas. Pero el Imperio aún mantiene un Senado en Roma donde están representados los mayores latifundistas de Italia, y un Emperador rodeado de su guardia de los “Scholae Palatinae” de reclutamiento bárbaro –la Guardia Pretoriana fue disuelta en 312dC-, y desde el “Edicto de Milán” de 313dC bajo la protección del dios cristiano.
3.- Los invasores
Cada año la asamblea de hombres libres de los clanes o de toda la tribu elige a un jefe de guerra que, con autoridad de vida y muerte sobre sus seguidores, dirigirá las incursiones en busca de botín y riquezas con poco riesgo. Estas incursiones las hacen de primavera a otoño, ya que en invierno es demasiado difícil desplazarse y abastecerse. Todo hombre libre adulto es movilizado, así que no son guerreros sino simples milicianos sin entrenamiento más allá de la caza ni más disciplina que el respeto que tengan a sus jefes. No existe autoridad por encima de estos jefes de guerra, que suelen formar partidas no superiores a uno o dos centenares de hombres pero excepcionalmente pueden llegar a liderar bandas mas numerosas. Como estandarte usan banderas de color blanco o negro con la imagen del cuervo de Wotam/Odín dios germano de la guerra.
4.- Los hechos: el principio del final (375-400dC) Los visigodos cruzan el Danubio como refugiados bajo control romano (376dC)
El comes britanniae Magno Máximo se proclama emperador en 383dC, refuerza su ejército con tropas del Muro Adriano retirando las defensas romanas del norte de la isla a la ciudad amurallada de York, y desembarca en la Galia mientras el emperador Graciano de Occidente es asesinado. El emperador Teodosio de Oriente marcha contra él en 388dC, pero en la “batalla” de Aquileia –cerca de la actual Venecia- el ejército occidental se amotina y asesina al usurpador. Teodosio nombra emperador de Occidente al hijo de Graciano, el joven Valentiniano II, pero aparece muerto en 393dC probablemente por suicidio. Sin embargo todos acusan a su magíster militum de origen franco Arbogasto, así que nombra emperador a su secretario el gramático Eugenio y proclamando el retorno al paganismo tradicional se gana el apoyo del senado de Roma y del ejército occidental. En 394dC Teodosio de Oriente avanza con su ejército reforzado con federados visigodos para desalojar al usurpador, pero en el río Frigidus de la actual Eslovenia le espera el ejército occidental con símbolos paganos en sus estandartes: tras dos días de asaltos que diezman ambos ejércitos Teodosio de Oriente consigue finalmente imponerse resultando muerto el último emperador pagano Eugenio mientras su magíster militum Arbogasto se suicida. Al año siguiente en Milán el emperador Teodosio muere, nombrando emperadores a sus hijos: Honorio para Occidente asesorado por el magíster militum de origen vándalo Estilicón y Arcadio para Oriente. Deja de haber noticias de los ejércitos comitantenses de Iliria, Galia e Hispania manteniéndose los de Italia, Britania y África encomendándose la defensa de la Galia a federados francos salios. 5.- La caída de las fronteras (400-420dC)
El comes britanniae Constantino se proclama emperador en Britania en 406dC, completa su ejército con tropas limitanei del norte de la isla retirando las defensas romanas de York a Chester en la frontera de Gales: se abandona todo el norte y el centro de la isla a los ataques pictos desde Escocia reduciendo la defensa a la “Britania útil” de latifundios agrícolas del sureste, el valle del Támesis y la costa sur, con los limitanei del “limes saxonicus” frente a las incursiones marítimas anglosajonas mientras el oeste de la isla se ha organizado en principados celtorromanos semiindependientes frente a las incursiones marítimas irlandesas. El proclamado Constantino III deja la isla a cargo del comes Geroncio y en 407dC desembarca con su ejército en la arrasada Bolougne, desde donde atraviesa la Galia aplastando rebeliones campesinas hasta establecerse en Arlés a las puertas de Italia. Tras la pérdida de la Galia a manos de los bárbaros y del usurpador, extrañas relaciones con los visigodos y con el Imperio de Oriente llevan a la ejecución del magíster militum Estilicón. En 408dC los visigodos exigen un enorme pago e invaden Italia siendo apenas contenidos por el ejército de Italia, pero en Britania los latifundistas de la isla se proclaman leales a Honorio expulsando al comes Geroncio que huye a Arlés mientras en Hispania los primos del emperador Honorio llamados Dídimo y Veriniano reúnen un ejército privado que en Roncesvalles rechaza a los invasores suevos, vándalos y alanos. En 409dC el usurpador Constantino III se alía con los invasores que vuelven a atacar por Roncesvalles pero envía en su apoyo un ejército de mercenarios bárbaros al mando del comes Geroncio que atraviesa los Pirineos por Somport aplastando al ejército privado de Dídimo y Veriniano que son ejecutados, invadiendo los bárbaros Hispania. En 410dC los visigodos saquean Roma para escándalo del mundo romano. Pero en 411dC el comes Geroncio nombra emperador a Máximo en Hispania y se subleva contra Constantino III al que asedia en Arlés, aprovechando el emperador Honorio para enviar al ejército de Italia amotinándose las tropas del usurpador que es capturado y ejecutado. Fin del ejército de Britania y el de Italia queda ubicado en Arlés, mientras los visigodos hambrientos han de firmar un tratado de federación con el emperador Honorio y son enviados a pacificar la Galia primero y luego a Hispania. Tras varias vicisitudes los visigodos en Hispania aplastan a los jinetes sármatas alanos en el valle del Tajo y a los infantes vándalos silingos en Andalucía, pero ante el riesgo de una nueva rotura del tratado en 419dC el emperador Honorio asienta a los visigodos en el suroeste de la Galia en torno a Toulouse. Entre 410 y 425dC el hundimiento de la recaudación y de la tesorería imperial impiden el pago a las guarniciones limitanei, que quedan en las fronteras cultivando las tierras de los alrededores de sus acantonamiento como una milicia a tiempo parcial olvidados de todos. En Britania hay monedas de Honorio pero no de emperadores posteriores, reflejando la caída de las relaciones con el continente hasta casi desaparecer. Los últimos 100 años del Imperio Romano - II
El 423dC muerte de Honorio y usurpación de Juan. En 425dC un ejército de Oriente interviene en Italia a favor de Gala Placidia y de su hijo el joven emperador Valentiniano III: muere el usurpador Juan pero con respaldo de un ejército huno el comes Aecio se hace nombrar comes galliae utilizando el ejército de Arlés para sofocar revueltas campesinas. En 429dC el obispo Germán de Auxerre visita Britania para predicar contra la herejía pelagiana, pero encuentra la isla sin administración romana y los latifundistas del sureste luchando entre sí entre revueltas campesinas y ataques bárbaros: el centro de la isla está abandonado a las incursiones pictas así que el obispo Germán como antiguo gobernador provincial en la Galia reúne un ejército de campesinos y el día de Pascua consigue la “victoria del Aleluya” sobre una fuerza de invasores pictos. Ese mismo año 429dC los suevos se quedan en el noroeste de Hispania, pero los jinetes vándalos asdingos reúnen a los supervivientes sármatas alanos y vándalos silingos cruzando el estrecho de Gibraltar, invadiendo África donde se enfrenta a ellos el comes africae Bonifacio. Pero en 430dC el comes galliae Aecio aprovecha la invasión de África para hacer asesinar al magíster militum Félix, leal a Gala Placidia y a su hijo el joven emperador Valentiniano III, e invade Italia con el ejército de Arlés: Gala Placidia llama al comes Bonifacio que desembarca con el ejército comitatense de África en Italia y vence a Aecio en Rímini, pero Bonifacio muere por las heridas recibidas en el combate mientras Aecio de nuevo con el respaldo de un ejército huno se hace nombrar magíster militum y reconstruye su ejército de Arlés. Fin del ejército de África y ya sólo queda el ejército comitatense de Arlés y los Scholae Palatinae de la guardia imperial en Ravena. En 439dC los vándalos asaltan Cartago completando la conquista del África romana, y se apoderan de la flota de transporte triguero a la que utilizan para hacer incursiones en todo el Mediterráneo.
En Britania en 440dC el jefe militar del senado de Winchester, Ambrosio Aureliano, derrota en Wallop al ejército de mercenarios germanos de Vortigern mandado por su hijo Vortimer . En 444dC el obispo Germán de Auxerre visita Britania por segunda vez encontrando que los latifundistas del sureste de la isla se han organizado en dos bandos: los de la costa sur han formado un senado en Winchester y su ejército lo manda Ambrosio Aureliano que es de origen consular y católico, mientras los del valle del Támesis se han organizado monárquicamente en torno a Vortigern que es pelagiano hostil a los obispos y tiene a su servicio mercenarios germanos. Vortigern asienta en 449dC a mercenarios jutos en Kent. Arqueológicamente hacia 450dC empiezan los asentamientos germánicos en la costa este británica, avanzando hacia el interior del territorio remontando los ríos mientras empieza la emigración de britanos a Armórica en la Galia. En 451dC el senado de Winchester es masacrado por los guerreros del jefe juto Engest al servicio de Vortigern, no habiendo noticias de Ambrosio Aureliano. El 451dC desde la llanura húngara Atila remonta el Danubio y cruza el Rin invadiendo la Galia, pero el magíster militum Aecio une su ejército de Arlés a los visigodos y sármatas alanos consiguiendo rechazarlo en la batalla de los Campos Catalaúnicos –cerca de la ciudad de Troyes-. Al año siguiente 452dC Atila arrasa la ciudad de Aquileia –cerca de la actual Venecia- e invade Italia, el magíster militum Aecio se niega a acudir con su ejército al que emplaza en Soissons al norte de la Galia abandonando al emperador a su suerte, así que Valentiniano III sin más tropas que los Scholae Palatinae de su guardia ordena destruir todos los depósitos de alimentos que no puedan ser trasladados a las ciudades amuralladas imponiendo una guerra de asedios: pronto cunde el hambre y las epidemias en el ejército de Atila, que no puede cruzar el río Po, debiendo negociar por medio del papa León I un tratado con el emperador Valentiniano III por el que vuelve a Hungría. En 453dC Atila muere repentinamente en su campamento de la llanura húngara y empieza la guerra civil entre sus hijos, para en 454dC sublevarse sus súbditos germanos que aplastan al hermano vencedor en la batalla del vado del río Nedao. Los visigodos rompen con Aecio aliándose con Valentiniano III, y el emperador hace llamar a Ravena al ahora solo magíster militum Aecio matándolo personalmente. El senador Petronio Máximo organiza el asesinato de Valentiniano III en 455dC proclamándose emperador y trasladando la capital a Roma, pero ese mismo año la flota vándala asalta la ciudad que es saqueada por segunda vez durante catorce días mientras el populacho lincha al usurpador cuando intentaba huir.
En Britania el 455dC los jefes jutos Engest y Horsa, se sublevan contra su patrón Vortigern tomando el control del actual Kent. En 457dC el jefe Engest derrota en Crayford a su antiguo patrón Vortigern que muere en combate: se derrumba la resistencia organizada y los invasores germanos lanzan ataques desde la costa hacia el interior remontando los ríos. En medio de un caos generalizado se suceden las incursiones de los jutos desde Kent remontando el Támesis medio, las de los anglos desde el Wash-Lincoln hacia el alto Támesis y más al norte por el río Humber hacia Chester, mientras los sajones atacan la costa sur de Britania. Sin embargo los pictos de Escocia empiezan a aflojar su acoso al centro de Britania al empezar a ser invadidos por los escotos de Irlanda. 7.- Los últimos emperadores y el final del Imperio Romano de Occidente Odoacro, oficial de origen esciro de los Scholae Palatinae de la guardia imperial formada mayoritariamente por jinetes hérulos, es elegido jefe por las tropas amotinadas por falta de pago: el 23 de agosto de 476dC hace ejecutar al magíster militum Orestes y depone a su hijo el emperador Rómulo Augústulo de 14 años asentándolo en un latifundio de los alrededores de Nápoles con una pensión anual de 6.000 libras de oro, mientras reparte entre sus tropas un tercio de las tierras de patrimonio imperial como pago por los sueldos atrasados y envía las insignias imperiales al imperio de Oriente con una carta donde afirma que se reunifica el Imperio Romano y que actuará como representante de Oriente en Italia. Fin oficial del Imperio Romano de Occidente. 8.- Después del último emperador romano de Occidente: el contexto del mito artúrico
El año 496dC el jefe Clodoveo de los francos salios vence a los alamanes del alto Rin, empezando a aproximarse a la Iglesia católica aunque manteniéndose pagano. En 497dC desde el antiguo territorio de Siagrio entre los ríos Somme y Loira, ataca Armórica -la Bretaña francesa- aunque no acaba de controlarla y en la Navidad de ese año el jefe Clodoveo se bautiza abandonando el paganismo. El 500dC ataca en su capital Dijon a los burgundios del Ródano, en 502dC ataca de nuevo a los alamanes ocupando su territorio del alto Rin, y en 507dC ataca a los visigodos de Aquitania –en el suroeste de la Galia- derrotándolos en Vouillé en una auténtica debacle que hace emigrar a los supervivientes a Hispania donde reconstruirán su reino con capital en Toledo. 9.- El mito artúrico y sus orígenes Lo único que se puede decir sobre la verosimilitud histórica de Arturo es que pudo existir una o varias personas, fuera ese su nombre o un mote y fuera real o atribuido con posterioridad, que encabezaron la resistencia a la expansión anglosajona en torno al año 500dC. Con el tiempo la realidad se transformó en leyenda poblándose de elementos míticos y fantásticos ocultando el fondo histórico real que pudieran tener.
Según las referencias míticas más antiguas quizá hacia 490-500dC empieza la reacción britana: victorias (¿de Arturo como “dux bellorum” o jefe de los guerreros de varios príncipes britanos unidos?) sobre bandas de sajones desde el sur, y anglos desde el oeste en la zona de Gloucester-Bath-Salisbury en las batallas de los ríos Glein, Bubglass y Bassas, en la batalla del castillo de Guinnion, de la ciudad de “Legión”, del río Truibcuit, de la colina de Águeda y culminación en la batalla de Longport (S de Somerset / S de Salisbury. Un príncipe britano llamado Gerain de Debon es mencionado como presente allí) donde Arturo derrota a los sajones y después se pone al servicio del príncipe britano de Bath. Arturo ya aparece con Myrddyn o Merlín como sacerdote druida y consejero. Quizá en torno a 495-519dC victorias britanas de Arturo en Kaerlindcoit, del bosque de Celidon (donde obligó a rendirse a un fuerte grupo guerrero sajón) y de Mont Badon (quizá en una de las colinas de los alrededores de Bath: los anglos habrían respondido a la derrota de los sajones en el bosque de Celidon con un ataque a Bath bloqueado por Arturo en tres días de combates donde los anglos lanzaron sucesivos asaltos a la posición de los hombres de Arturo que los resistieron, hasta que los anglos se retiraron agotados y hambrientos a su punto de partida en la zona del alto Támesis): tras este último combate, paz en el centro de Britania. Arturo, un simple “dux bellorum” o jefe de guerreros tipo señor de la guerra de origen oscuro es aceptado en principio como hegemónico por los príncipes britanos cuyas tropas comanda, pero al establecerse la paz el “dux bellorum” deja de ser necesario y no tardarán en surgir fricciones con lo que amenaza transformarse en una monarquía. Quizá en torno a 500-539dC Arturo resulta ser ya una amenaza para la autoridad de los príncipes britanos, y se sublevan contra él dirigidos por un antiguo jefe a las órdenes de Arturo llamado Merdraut o Mordred contratando guerreros germanos sajones y anglos: batalla de Camlann, donde Arturo vuelve a vencer, pero es herido y retirado del campo de batalla muriendo en el cercano poblado de Medrant. La construcción de la leyenda de Arturo: Los elementos de la leyenda artúrica:
Los personajes de la leyenda clásica: Alejandro Mohorte, 2007 Bibliografía: 10月6日 Cleopatra, Reina de Reinas
Pero en la lejana Grecia el ejército de Julio César derrotó al de Pompeyo en la llanura de Farsalia: Pompeyo escapó en barco desembarcando en Alejandría el 4 de octubre de 48aC. Ptolomeo sabía que pronto aparecería el poderoso César tras él, así que envió a Aquilas a recibirlo ... con la orden de matarlo inmediatamente. Cuando César llegó cuatro días después con 4.000 legionarios romanos, Ptolomeo lo recibió con un regalo: la cabeza y el anillo de Pompeyo. Pero César a sus 52 años también quería el control de Egipto, así que se estableció en el palacio real como mediador para solucionar lo que él veía como una disputa entre niños. Esa noche apareció de la nada en las habitaciones de César la mismísima Cleopatra, y con ella su fiel Apolodoro así como Arsinoe con Ganimedes. Cuando al día siguiente César convocó a los litigantes por el trono Ptolomeo se encontró frente a frente con la sonrisa de Cleopatra: todo estaba claro. Ptolomeo montó en cólera pero junto a Potino fue retenido en palacio por orden de César, mientras Aquilas conseguía escapar ... para volver trayendo al ejército egipcio con él.
César contaba con 4.000 legionarios romanos, mientras Aquilas asedió el palacio real con el mejor ejército helenístico de la época, desplegando miles de soldados profesionales reforzados además por toda la plebe urbana de Alejandría. La situación era difícil pero pronto se hizo insostenible: haciéndose pasar por sirvienta Arsinoe escapó con Ganimedes y se presentó ante el ejército de asedio siendo inmediatamente reconocida, aclamada ... y Aquilas asesinado. Ganimedes recibió ahora el mando militar que estrechó aún mas el cerco. Ante la posibilidad de que esto se repitiera César hizo matar a Potino, incendiar la flota egipcia anclada en el puerto –y accidentalmente la Biblioteca-, y además decidió provocar disensiones en el mando egipcio liberando a Ptolomeo, que tomó el mando desplazando a su carismática hermana pero mantuvo el eficaz mando militar de Ganimedes. Aún así el tiempo jugaba en su contra: César y Cleopatra estaban asediados en el palacio de Alejandría, pero desde Siria avanzaba un ejército de socorro que en marzo de 47aC irrumpió en Egipto desde Pelusio asaltando Alejandría y aplastando al ejército de asedio. En el caos de la batalla callejera Ptolomeo murió aplastado, Ganimedes desapareció y Arsinoe fue capturada.
Cleopatra le debía el trono a César y sabía qué le convenía, así que se lo llevó a un crucero de placer por el Nilo ... cuyo resultado fue el pequeño Cesarión. César correspondió llevando a Cleopatra a Roma donde en septiembre de 46aC presidieron la celebración de los triunfos cesarianos sobre las Galias, el Ponto, África y Egipto donde fue exhibido el vencido jefe galo Vercingetórix y luego estrangulado en la cárcel Mamertina como era la costumbre. Cleopatra pudo darse el gusto de ver a Arsinoe exhibida encadenada ante el populacho romano. Acto seguido Cleopatra reclamó a César la cabeza de su hermana, pero el romano no estaba tan cegado por la egipcia como para no querer guardarse un as en la manga: la nombró reina de Chipre ... y la confinó a orillas del Egeo en la ciudad de Efeso bajo un lujoso arresto domiciliario. Ni qué decir tiene que Calpurnia la mujer de César tuvo que mirar para otro lado cada vez que se encontraba a su marido con Cleopatra, y al final tuvo que optar por no salir de casa. Pero el idus de marzo de 44aC César fue asesinado en el Senado. Para entonces Cleopatra había vuelto a Egipto y en la guerra civil que siguió se mantuvo a la expectativa a la espera de un vencedor. En octubre de 42aC sobre la llanura griega de Filipos los cesarianos de Octavio y Marco Antonio aplastaron a los senatoriales de Casio y Bruto. Cleopatra ya tenía a su vencedor: desplegó su galera dorada con remos de plata, sus fuertes remeros a las órdenes de su tripulación femenina, desembarcando en Tarso vestida como Afrodita –unas gotas de perfume sobre su piel- donde el poderoso Marco Antonio cayó fulminado bajo su hechizo. Le llevaba catorce años, tenía experiencia hasta en lo más sórdido, y a un así fue incapaz de recordar que debía juzgarla por su más que dudosa actitud durante la última guerra civil romana. Marco Antonio estaba casado, cómo no, y además con Octavia la hermana de su socio romano: otra que tuvo que mirar para otro lado en cuanto empezaron a llegar las primeras noticias a Roma. Pero Cleopatra no se conformaba con eso: su primera petición fue la cabeza de su hermana Arsinoe. Pronto sicarios enviados por Marco Antonio llegaron a Efeso y satisficieron la voluntad de la reina de Egipto en la primavera de 41aC. ¿Para qué mancharse las manos si otro puede hacerlo por ella?. Poco después Marco Antonio se trasladó a vivir con Cleopatra a Alejandría. Pero Roma sólo podía tener un dueño: las relaciones de Octavio con Marco Antonio se fueron agriando hasta que finalmente estalló la guerra civil. Marco Antonio movilizó al ejército romano de Siria y a sus aliados entre los que estaba la flota egipcia con su reina a la cabeza. Mientras tanto Octavio organizaba una auténtica campaña de propaganda orquestada por su colaborador Mecenas y su ejército de escritores a sueldo: pronto la opinión pública se cebó en Marco Antonio el traidor y su ramera egipcia, mientras el ejército y la flota del imbatible general Agripa avanzaban precedidos por los sobornos de Octavio a los aliados de Marco Antonio. Cuando por fin se encontraron en la costa griega sólo la flota de Marco Antonio estaba dispuesta a luchar. El 2 de septiembre de 31aC en Actium las 240 pesadas pentarremes de Marco Antonio rompieron el cerco de las 400 rápidas liburneas de la flota de Agripa y, al precio de perder la mayor parte de ellas, consiguió escapar en el barco de Cleopatra rumbo a Alejandría.
Quizá por el éxito en la fuga, o quizá para ocultarla, Cleopatra entró en Alejandría junto al deprimido Marco Antonio desplegando en su flota las insignias de victoria: entre vítores desembarcaron, pero el tiempo estaba ya contado. Octavio no quería dejar cabos sueltos y avanzaba por Siria hacia Egipto. En verano de 30aC y sin tropas para hacerle frente, Marco Antonio aún encabezó la última carga de sus fuerzas en las afueras de Alejandría antes de arrojarse sobre su espada. Al saberlo, Cleopatra decidió hacerse morder por un áspid y Octavio encontró finalmente su cuerpo frío empuñando el cayado y el látigo, vestida como lo que era: la última y mas grande reina de Egipto. Alejandro Mohorte, 2004 Bibliografía: “La guerra civil” Julio César, “Comentarios a la guerra de Alejandría” Aulo Hircio, “Cleopatra, el mito y la realidad” Edith Flamarion (Ediciones B, 1998), “Arsinoe, la hermana olvidada de Cleopatra” I. Tristán (Muy Interesante nº209, 1998) 5月29日 Las Termópilas y la Segunda Guerra Médica IColaboración. Por Alejandro Mohorte En el verano de 481aC el ejército del rey de reyes Jerjes se reúne en Sardes, mientras sus embajadores recorren Grecia reclamando la “tierra y el agua” de la sumisión al Imperio Persa: los atenienses se niegan, pero los espartanos rompen la inmunidad diplomática y lanzan a los embajadores a un pozo donde “tendréis toda la tierra y agua que queráis”. Ante la amenaza persa se convoca la Conferencia del Istmo en Corinto donde los representantes de las ciudades-estado griegas acuerdan la “simmakia” o Liga Helénica, formando un ejército y una flota comunes cuyo mando se otorga por unanimidad a Esparta.
De todas formas aunque estuviera en la liga lo más granado de los estados griegos faltaban los tesalios, locrios y beocios, Argos enfrentada a Esparta declaró una neutralidad abiertamente filopersa, la liga aquea del interior de Grecia y Corcira con sus sesenta trirremes se abstuvieron de participar a la espera de acontecimientos, los cretenses ni siquiera respondieron a la invitación y el oráculo de Apolo en Delfos aconsejaba “tranquilidad”. Incluso en la otra principal protagonista de la liga, Atenas, había un partido filopersa dirigido por el clan de los Alcmeónidas que levantaba todo tipo de sospechas.
Empieza la campaña
En primavera de 480aC el ejército de Jerjes cruza el Helesponto por un doble puente de barcos, atraviesa Macedonia y avanza hacia el sur con la flota persa en paralelo por la costa: cálculos realistas reducen las fuerzas persas a los 10.000 “inmortales” de la infantería y otros tantos de caballería persas con otros 20.000 infantes y jinetes de pueblos aliados y mercenarios totalizando unos 40.000 hombres aparte de la guardia real de mil infantes y mil jinetes de la nobleza persa que rodean al carro de guerra del Rey de Reyes, apoyados por una flota de 600 barcos con 300 naves de combate y otras tantas de transporte: unas fuerzas descomunales para la época y que tendrían problemas de abastecimiento, pero posibles más allá de las fantásticas cifras de Herodoto.
En menos de un siglo el imperio persa se había extendido hasta ocupar el territorio de los actuales Irán, Irak, Turquía, Líbano, Israel y Egipto. El interior del territorio persa está desmilitarizado y organizado en “satrapías” o provincias a cargo de un “sátrapa” o gobernador responsable de la administración y el orden público en su territorio, así como de la alta oficialidad del ejército en campaña. Sólo los persas de entre todos los pueblos del Imperio pueden formar parte del ejército, que está organizado en unidades regulares de 10, 100, 1.000 y 10.000 soldados. La caballería se organiza en el mismo tipo de unidades, pero al igual que los jinetes griegos no usaba escudo. El “baivarabam” de 10.000 soldados principal es el “amrtaka” más conocido como “los inmortales”: vestidos y equipados por el rey de reyes todos iguales, a un enemigo de la época le daría la impresión de un ejército de clones donde, aunque mataran a uno, siempre había otro idéntico preparado para ocupar su lugar y seguir combatiendo como si el muerto hubiera resucitado para seguir luchando.
Ante el avance persa los griegos reúnen la segunda Conferencia del Istmo y el rey Leónidas de Esparta da su palabra de acudir y tomar el mando del ejército, pero en Esparta los “éforos” o magistrados del gobierno espartano se niegan a enviar al ejército antes de terminar las fortificaciones del Istmo que han de bloquear el acceso a su territorio y ponen como excusa terminar la fiesta religiosa de la Carneia antes de enviar las tropas. Mientras el oráculo de Apolo en Delfos, al otro extremo de Grecia, sigue aconsejando “tranquilidad” y dejar que las cosas sigan su curso.
El estado espartano está encabezado por dos reyes hereditarios con funciones militares y religiosas, asesorados por la “gerusía” o consejo de ancianos, pero la política la dirigen los “éforos” elegidos anualmente por votación de la asamblea ciudadana. En ella los “homoi” o ciudadanos iguales tienen voz y voto en las sesiones, y las mujeres espartanas voz para asombro y escándalo del resto de Grecia donde ellas no cuentan para nada.
Ante la negativa del gobierno de Esparta el rey Leónidas decide marchar solo con su guardia de 300 espartanos veteranos, tomando el mando del ejército de 6-9.000 hoplitas de la Liga Helénica y avanzando hacia el norte. La primera línea de defensa se plantea en el paso del valle del Tempe que cubre el acceso a Tesalia, pero han de retirarse de allí cuando descubren que la posición puede ser rodeada … y que los tesalios se han aliado al Rey de Reyes persa. Así la posición defensiva tuvo que situarse más al sur, en el estrecho paso de las Termópilas.
La flota de la Liga Helénica estaba bajo el mando del navarco espartano Euribiades, pero 127 de las 270 naves eran atenienses así que el mando efectivo de la flota lo tenía su jefe Temístocles: tampoco Atenas había enviado todas sus naves, conservando parte de ellas para la defensa de sus aguas. La flota se concentró junto al estrecho de Eubea, al pie del paso de las Termópilas, siendo su misión batir a la mas igualada flota persa mientras el ejército contenía en el paso a las superiores fuerzas persas de tierra: sin su flota el ejército persa no podría abastecerse ni permanecer en el mismo lugar más de unos días antes de marcharse o dispersarse por hambre, ya que la propia fuerza de su número sería su debilidad. La flota persa era mayoritariamente fenicia y por su parte tenía que contener a la griega mientras su ejército acababa con la resistencia en tierra, pero iniciado el combate ante el cabo Artemision se desató una tormenta que interrumpió la lucha obligando a ambas flotas a retirarse: la persa hacia el norte con algunos barcos lanzados contra las rocas de la costa por el temporal, y la griega a su punto de partida a los pies del paso de las Termópilas. Ninguna nave podía salir a mar abierto. Las Termópilas y la Segunda Guerra Médica IIColaboración. Por Alejandro Mohorte
En los primeros días de un desapacible mes de agosto las fuerzas persas estaban desplegadas en Tesalia ante el paso de las Termópilas, donde están apostados los 6-9.000 hoplitas griegos del ejército de la Liga Helénica. El paso de las Termópilas tenía seis kilómetros de largo con estrechamientos que sólo permitían el paso de un carro, con una pared de piedra que se elevaba hasta los mil metros del monte Calidromo por un lado y por el otro un abismo sobre el mar. Una pequeña fuerza podía bloquearlo, y eso es lo que estaba haciendo el contingente griego. Los exploradores persas informaban que los espartanos de la fuerza griega pasaban el tiempo entrenándose y peinando sus largos cabellos sin la menor impresión de estar intimidados y menos aún de retirarse.
Al quinto día de espera Jerjes envió un embajador que anunció “¡Entregad las armas si no queréis ser aniquilados!”, a lo que el rey espartano respondió “¡Ven a por ellas!”. El embajador insistió diciendo “¡Las flechas oscurecerán el sol hasta cambiar la noche en día!”, a lo que el espartano Dienekes respondió “¡Mejor, así lucharemos a la sombra!”. Ese mismo día comenzó el ataque cuando Jerjes envió a los mercenarios y aliados en tromba por el desfiladero: lo angosto del paso impedía el uso de la caballería y anulaba tanto la superioridad numérica como la técnica de lluvia de flechas a distancia tradicional en Oriente Medio imponiendo el combate cuerpo a cuerpo. Los griegos imponían así su propia forma de lucha donde su mayor protección les daba ventaja con la muralla de escudos erizada de lanzas empujando a la masa de combatientes enemigos apretujados arrastrándolos, aplastándolos contra el muro rocoso, despeñándolos por el abismo sobre el mar, arrollándolos y rematando a los que caían a los pies de la formación de los hoplitas griegos a todo lo largo de los seis kilómetros del paso de las Termópilas. Al llegar al final del desfiladero pudieron celebrar la victoria mientras las fuerzas persas se replegaban a su campamento.
Antes del amanecer una fuerza escogida de los “inmortales” guiada por Efialtes subió por la senda Anopea que rodea el monte Calidromo y en plena noche cayó sobre los desprevenidos mil hoplitas focios que defendían la posición: sólo pudieron enviar un mensajero informando al rey Leónidas del desastre. La posición de las Termópilas era así indefendible, pero al pie del paso estaba la flota griega bloqueada por la tormenta: si los persas capturaban el paso sus arqueros podrían incendiar las 270 naves griegas a placer, así que tendrían que retirarse por el largo canal del Eurito que rodea la isla de Eubea y que en Calcis apenas tiene quince metros de ancho obligando a los barcos a pasar de uno en uno. A todo lo largo del recorrido las naves de la flota estarían a merced de los arqueros persas, pero si se quedan en el paso los 6-9.000 hoplitas del ejército de la Liga Helénica serían rodeados y aniquilados.
El rey Leónidas de Esparta ordena el repliegue del ejército griego, quedándose para retardar a los persas él mismo con sus trescientos espartanos y voluntariamente los cuatrocientos hoplitas de Tespia mandados por Demófilo que resistirán para dar tiempo a que la población civil de su cercana ciudad ya condenada sea evacuada, con otros cuatrocientos hoplitas beocios de Tebas. Esa mañana el rey Leónidas grita a sus hombres “¡Desayunad fuerte, hoy cenaremos en el Hades!”: todos sabían cual era su destino. Pronto se acerca el ejército persa por ambos extremos del paso, y a su vista los cuatrocientos hoplitas beocios de Tebas cambian de bando uniéndose a las fuerzas del Rey de Reyes: no se olvidará su traición. Espartanos y tespios luchan salvajemente: expulsados del paso y muerto el rey Leónidas de un flechazo, contraatacan para recuperar su cuerpo y totalmente rodeados se repliegan a una elevación formando un círculo de escudos alrededor de su cuerpo. Atravesar el paso le ha costado a Jerjes enormes bajas, incluso dos de sus propios hermanos, y por fin hay espacio para adoptar la formación tradicional de arqueros así que ordena cesar el combate cuerpo a cuerpo y acribillar el círculo de escudos hasta que caiga el último hoplita. Aún puede ver a lo lejos por el canal cómo se le ha escapado la flota griega de entre los dedos, así que cuando se apoderan del cuerpo del rey Leónidas ordena decapitarlo y crucificar sus restos. Superado el paso los persas incendiaron la cercana y ahora desierta ciudad de Tespia, y siguen adelante atravesando la ahora aliada región de Beocia.
Salamina
Atravesada Beocia los persas invaden la región del Ática en dirección a Atenas. Allí había llegado la flota griega y la primera medida de Temístocles fue evacuar a la población civil ateniense a la cercana isla de Salamina, quedándose solo un puñado de fanáticos defendiendo la Acrópolis sagrada de la ciudad. El ejército persa necesitó dos semanas para acabar con todos los defensores sin hacer prisioneros, antes de saquear y arrasar la ciudad. Tardaron cincuenta años en reconstruir los templos.
La batalla decisiva se libraría en el mar, en el estrecho de Salamina, ante Atenas en llamas y el trono de Jerjes erigido en una colina desde donde dominaba toda la zona con su mirada. De nuevo aunque el mando de la flota correspondía al navarkos espartano Euribiades, el ateniense Temístocles se salió con la suya ya que casi doscientas de las algo más de trescientas naves de la flota eran de Atenas: con una doblez poco digna que bordeaba la traición, incluyendo el intercambio de mensajes con el propio Jerjes, provocó el ataque de la flota persa a las naves de la Liga Helénica concentrada en el estrecho de Salamina. El sátrapa persa Mardonio aconsejaba bloquear a la flota griega en Salamina y atacar por tierra el istmo de Corinto, mientras la reina Artemisia I de Caria le avisó de lo angosto de la zona y las dificultades que tendrían para afrontar una batalla naval. Pero Jerjes se sabía superior, estaba eufórico por la destrucción de Atenas y creyó los mensajes de Temístocles sobre otro cambio de bando ahora de los propios atenienses artos de la guerra, así que ordenó el ataque total: en septiembre de 480aC ante sus ojos vio cómo la flota griega asaltaba a las atrapadas naves de su flota con los pesados hoplitas griegos pasando a cuchillo a las tropas ligeras que tripulaban sus barcos fenicios. Pronto el mar estaba teñido de un rojo sangre con naves a la deriva cargadas de cadáveres, mientras los griegos celebraban su victoria ante la ahora oscura mirada del Rey de Reyes.
Tras la derrota apenas un puñado de naves de la flota persa había sobrevivido, así que Jerjes ordenó su retirada y el repliegue del ejército persa abandonando la destruida Atenas para dirigirse a Tesalia donde pasar el invierno. Dejando al mando al sátrapa Mardonio, el propio rey de reyes Jerjes volvió a sus dominios en Persia. No todo había acabado: el poderoso ejército persa seguía en Grecia, al mando de un jefe inteligente y capaz como Mardonio, ahora además reforzado por sus aliados griegos de Macedonia, Tesalia, Focidia y Beocia.
La guerra se decide en Platea
Tras la batalla la Liga Helénica estaba dividida: destruida la flota persa Esparta y los peloponesios en general ya no necesitaban a la flota ateniense ni temían un desembarco en su retaguardia, así que preferían atrincherarse tras las fortificaciones del Istmo de Corinto sin arriesgarse. Pero al otro lado del istmo Egina, Megara, Atenas y Platea seguían estando amenazadas y necesitaban que el ejército de la Liga atacara y derrotara al ejército de Mardonio. En el invierno el ateniense Temístocles tuvo que volver de las negociaciones en Esparta con las manos vacías y fue destituido, subiendo a primer plano sus rivales Arístides y Jantipo. Mardonio aprovechó para ofrecer a los atenienses un tentador tratado de alianza que los separaría de la Liga y aislaría al Peloponeso, donde ya contaba con la alianza de Argos la enemiga de Esparta … e invadió de nuevo el Ática a principios de la primavera de 479aC reforzando a los partidarios de conseguir la paz a cualquier precio. Se envió una embajada conjunta de Atenas y Platea a Esparta, que presentó un ultimátum: o Esparta cumplía el tratado de la Liga Helénica y acudía en su ayuda, o Atenas aceptaría la alianza y los persas conseguirían así una nueva flota.
Por fin los éforos espartanos dieron el visto bueno, y el ejército espartano encabezó la marcha de los hoplitas del Peloponeso que marcharían hacia el norte. Los argivos delataron la marcha a Mardonio, que marchó a Beocia y eligió un campo de batalla adecuado a su ejército: la llanura del Asopo entre Tebas y Platea, donde su magnífica caballería podría barrer a los griegos. En su derecha desplegó la caballería tesalia y la infantería beocia, en el centro los contingentes de infantería medo, bactriano, indio y saka, y en su izquierda la caballería saka y persa bajo el mando directo de Mardonio. El ejército de la Liga del Helénica dirigido por el regente espartano Pausanias se encontró al ejército persa desplegado esperándolos, pero evitó la llanura emplazándose en la cadena montañosa del Citerón donde la caballería persa no podía actuar. No tenemos cifras realmente fiables, pero las fuerzas estaban igualadas.
Tras el desastre el sátrapa Artabazo reunió los restos del ejército persa y a duras penas pudo volver a cruzar el Helesponto en retirada. Los jefes beocios de Tebas que se habían aliado a los persas fueron capturados y conducidos al Istmo de Corinto donde fueron ajusticiados, mientras el rey Leotíquidas de Esparta atacaba Tesalia en una expedición de castigo. La ciudad de Tespia había sacrificado a toda su población ciudadana masculina en la defensa de las Termópilas, y sus mujeres e hijos dieron la ciudadanía a residentes y extranjeros seleccionados para reconstruir su comunidad de ciudadanos. En la colina donde los hoplitas del rey Leónidas de Esparta defendieron su última posición se erigió un monumento donde aún hoy se puede leer: “Extranjero, si vas a Esparta anuncia que aquí hemos caído siendo leales a sus leyes”. La libertad había tenido un precio, pero por fin Grecia era libre y naves griegas cruzaban el Egeo para rematar a la flota persa en Micala.
Alejandro Mohorte
Bibliografía: - “Bajo el palio del gran rey” Javier Arce, Historias del Viejo Mundo nº7, Historia 16 (1988) - “El genio de Grecia”, Victor Alonso Troncoso, Historias del Viejo Mundo nº10, Historia 16 (1988) - “Los antiguos griegos” Nicholas Victor Sekunda, Ediciones del Prado (1994) - “El ejército persa, 560-330aC” Nicholas Victor Sekunda, Ediciones del Prado (1994) - “Grecia, cuna de Occidente. Volumen II”, varios autores, Ediciones del Prado (1992) En Internet: - http://www.elmundo.es/papel/2007/03/11/cronica/2095600.html -
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_las_Term%C3%B3pilas |
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